El surgimiento de las grandes ciudades, con periferia, distritos contiguos, concentración de la población, concentración de los medios de vida, concentración de las edificaciones, concentración, concentración y más concentración, es un hecho que podría parecernos más reciente si no hubiera sido disimulado por la velocidad con que se produjeron las mutaciones. La puntualidad que, según Georg Simmel, era la condición de la vida urbana, estaba encarnada en el reloj portátil: un mecanismo temporal, fijo, que evitaba el uso irracional e intuitivo del tiempo, esencial para la nueva clase de interacciones urbanas.
En la ciudad cada uno ha recibido, lo haya querido o no, una porción del área edificada. Colisionamos permanentemente contra el inconveniente modo de equipar el inmueble contemporáneo: los usos padecen una separación, no los habitantes; los usos y algo dentro del habitante quedan separados, sin embargo, las personas se mantienen en una apariencia de contacto imaginario que limita la posible transgresión de la rutina. Encargarse de la ciudad es encargarse físicamente de sus habitantes, acomodarlos, archivarlos, proveerlos de un enfoque.

El reloj pulsera y la puntualidad eran la condición de la vida urbana de las metrópolis ¿Cuál es la condición de la vida en los descomunales cúmulos conurbanos contemporáneos? Los desplazamientos se aceleran excesivamente, entonces dejan de ser desplazamientos humanos. La ciudad actual desaparece con la aceleración, cubierta del polvo levantado por nuevas formas del mundo, al atravesar a velocidades inhumanas las autopistas vacías de un viejo mundo que fue nuevo, tal vez, unas horas atrás. La condición de la vida de la megalópolis deja de ser la diligencia; hay otro tipo de precisión, vinculada a que todo lo importante puede hacerse desde lejos y, tal vez, a que el ciudadano común se resiste a hacer cosas importantes. La condición para la vida en la megalópolis termina siendo, de un modo tramposo, la adaptación a una vida en constante comunicación. Las alternativas para el hombre urbano del presente son quedar inacabado, en los términos de la cultura vigente, o ser completado por un enredado tejido de cachivaches inteligentes: el hombre incompleto o la tentativa de tecno-hombre. El mejor comunicado es el mejor adaptado, pero ¿acaso hay algo urgente que realmente necesite saber el hombre altamente adaptado, el hombre conectado de hoy.
En la ciudad cada uno ha recibido, lo haya querido o no, una porción del área edificada. Colisionamos permanentemente contra el inconveniente modo de equipar el inmueble contemporáneo: los usos padecen una separación, no los habitantes; los usos y algo dentro del habitante quedan separados, sin embargo, las personas se mantienen en una apariencia de contacto imaginario que limita la posible transgresión de la rutina. Encargarse de la ciudad es encargarse físicamente de sus habitantes, acomodarlos, archivarlos, proveerlos de un enfoque.

El reloj pulsera y la puntualidad eran la condición de la vida urbana de las metrópolis ¿Cuál es la condición de la vida en los descomunales cúmulos conurbanos contemporáneos? Los desplazamientos se aceleran excesivamente, entonces dejan de ser desplazamientos humanos. La ciudad actual desaparece con la aceleración, cubierta del polvo levantado por nuevas formas del mundo, al atravesar a velocidades inhumanas las autopistas vacías de un viejo mundo que fue nuevo, tal vez, unas horas atrás. La condición de la vida de la megalópolis deja de ser la diligencia; hay otro tipo de precisión, vinculada a que todo lo importante puede hacerse desde lejos y, tal vez, a que el ciudadano común se resiste a hacer cosas importantes. La condición para la vida en la megalópolis termina siendo, de un modo tramposo, la adaptación a una vida en constante comunicación. Las alternativas para el hombre urbano del presente son quedar inacabado, en los términos de la cultura vigente, o ser completado por un enredado tejido de cachivaches inteligentes: el hombre incompleto o la tentativa de tecno-hombre. El mejor comunicado es el mejor adaptado, pero ¿acaso hay algo urgente que realmente necesite saber el hombre altamente adaptado, el hombre conectado de hoy.

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